Pérdidas no reconocidas

Cuando el Daño No se Ve: Cómo Manejar el Comportamiento Pasivo-Agresivo en el Trabajo

La historia de Elena y cómo la psicóloga Margarita le ayudó a responder al acoso laboral indirecto. Protocolo de tres pasos basado en evidencia para salir de la reactividad y recuperar la agencia.

I. Cuando el daño no deja huella visible

Elena llevaba dos años trabajando en el mismo equipo cuando empezó a notar algo que no sabía cómo nombrar. No era un insulto directo. No era una agresión que pudiera señalar con el dedo. Era algo más escurridizo: un comentario dicho en voz baja justo cuando ella salía de la sala. Una pregunta formulada frente a todos que sonaba a duda genuina pero que la dejaba en evidencia. Un silencio que se instalaba cuando ella entraba a la conversación.

"Lo peor era que cuando intentaba explicárselo a alguien", dice Elena, "no podía. Porque aislado, cada cosa parecía pequeña. Era el conjunto lo que aplastaba."

Lo que Elena vivía tiene nombre clínico: comportamiento pasivo-agresivo en el entorno laboral. Y tiene características muy específicas que lo hacen especialmente difícil de manejar: ocurre en los márgenes, se disfraza de preocupación legítima, y deja a quien lo recibe con la sensación de estar exagerando.

Este artículo es para quien ha sentido eso. Y para quien quiere entender cómo responder — no desde la reactividad, sino desde la claridad.

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II. Qué es el comportamiento pasivo-agresivo en el trabajo

El término pasivo-agresivo describe un patrón de hostilidad indirecta: la agresión existe, pero se expresa de formas que permiten al agresor negarla o reencuadrarla como algo inocente. No es un rasgo exclusivo de personas "malas" — es frecuentemente una respuesta aprendida en entornos donde la expresión directa del conflicto fue castigada o no fue modelada.

En el contexto laboral, este patrón aparece de formas reconocibles:

La pregunta que es una acusación. "¿Me puedes explicar por qué no se hizo esto?" formulada frente al equipo, no en privado, no con genuina intención de entender, sino para instalar la duda sobre la competencia de quien recibe la pregunta. La forma es la de una solicitud de información. El fondo es un señalamiento público.

El elogio que es una crítica. "Qué bueno que por fin lo entregaste." La palabra "por fin" hace todo el trabajo.

La exclusión que parece olvido. Cc en correos que no incluyen a Elena. Conversaciones que ocurrieron antes de que llegara y que nadie resume. Decisiones tomadas en reuniones a las que no fue convocada.

El silencio selectivo. Responder a todos en la sala excepto a ella. Ignorar sus aportes en la reunión y repetirlos dos minutos después como si vinieran de otro.

Si reconoces alguno de estos patrones en tu entorno de trabajo, lo primero que necesitas saber es que tu percepción no es exagerada. Que algo difícil de nombrar no significa que no exista.

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III. Lo que le hace al cuerpo y a la mente

La investigación sobre acoso laboral sutil — lo que en la literatura anglosajona se llama workplace incivility — muestra de forma consistente que el impacto psicológico de las agresiones indirectas y ambiguas puede ser igual o mayor que el de las agresiones explícitas (Cortina et al., 2001; Andersson y Pearson, 1999).

El mecanismo es específico: cuando la agresión es ambigua, el cerebro no puede cerrar el episodio. La amenaza no está clara, así que el sistema de vigilancia permanece activado. La persona gasta energía cognitiva constante tratando de interpretar señales, anticipar el siguiente movimiento y evaluar si está respondiendo correctamente. Eso tiene un nombre: carga cognitiva crónica. Y tiene consecuencias documentadas: reducción del rendimiento, deterioro del sueño, síntomas de ansiedad y, con el tiempo, síntomas depresivos.

Elena empezó a prepararse para cada reunión de equipo como si fuera un examen. Llegaba antes, revisaba sus materiales dos veces, ensayaba respuestas a preguntas que nadie le había hecho. Cuando terminaba la reunión, repasaba mentalmente cada cosa que había dicho, buscando el momento en que había fallado. Eso no era perfeccionismo. Era la respuesta adaptativa de alguien que había aprendido que en ese entorno, cualquier detalle podía convertirse en munición.

El daño de la agresión indirecta no está en el golpe — está en la espera permanente del siguiente golpe. El cuerpo no descansa porque la amenaza nunca termina de definirse.
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IV. Anatomía de una pregunta pasivo-agresiva

Vale la pena detenerse en un ejemplo concreto porque es donde la teoría se vuelve útil.

Una compañera entra a la sala donde está Elena con otras personas y dice, en voz alta: "Elena, ¿me puedes explicar por qué no se hizo el reporte de esta semana?"

En la superficie es una pregunta. Pero analicemos su estructura:

El escenario público. Si la intención fuera resolver el problema del reporte, la conversación ocurriría en privado o por correo. Hacerla frente a otros tiene una función: instalar la imagen de Elena como alguien que no cumple, ante testigos.

La formulación acusatoria. "¿Por qué no se hizo?" asume que no se hizo y que Elena es responsable de eso. No pregunta "¿sabes algo del reporte?" ni "¿hubo algún problema?". La culpa está en la pregunta antes de que Elena responda.

La ausencia de contexto previo. Si hubiera una preocupación genuina sobre el reporte, habría habido una comunicación anterior — un recordatorio, una pregunta por mensaje, una mención en la reunión de la semana pasada. La pregunta sorpresiva frente a todos no busca información. Busca efecto.

Entender esta estructura no es paranoia. Es lectura del contexto. Y es el primer paso para responder desde la claridad en lugar de desde la defensiva.

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V. Cómo responder de forma asertiva: el protocolo de tres pasos

La psicóloga Margarita, que acompañó a Elena durante este proceso, trabajó con ella una estructura de respuesta que se aplica específicamente a situaciones de agresión indirecta en el entorno laboral. Está basada en el modelo de comunicación asertiva de Alberti y Emmons (1970) y en investigación más reciente sobre desactivación de conflictos laborales (Porath y Pearson, 2013).

No es un guión. Es una arquitectura que Elena aprendió a adaptar a cada situación.

Paso 1: Reconocer la molestia sin absorberla

La primera respuesta no defiende, no ataca y no ignora. Reconoce que hay una preocupación real detrás de la pregunta — porque generalmente la hay — sin aceptar la forma en que fue planteada.

Frente a "¿Me puedes explicar por qué no se hizo el reporte?", una respuesta del primer paso suena así:

"Entiendo que el reporte es importante y que necesitas tenerlo."

Solo eso. Sin justificaciones, sin disculpas, sin ponerse a la defensiva. Esta frase hace dos cosas simultáneamente: valida que hay algo legítimo en la preocupación, y no acepta la premisa acusatoria de la pregunta.

Paso 2: Reconocer la importancia de la tarea

El segundo movimiento ancla la conversación en lo concreto — en la tarea, no en la relación. Saca la interacción del terreno personal donde la agresión indirecta opera mejor, y la lleva al terreno práctico donde es más difícil de sostener.

"El reporte es parte del proceso del equipo y tiene sentido que esté listo para el cierre de semana."

Esto no es condescendiente — es un reconocimiento genuino. Y tiene un efecto regulador: obliga a quien hizo la pregunta a continuar en el mismo registro práctico o a revelar que su intención no era resolver el asunto del reporte.

Paso 3: Proponer sin disculparse

El tercer paso cierra con una acción concreta, sin apología excesiva y sin explicaciones que nadie pidió.

"Lo tengo para esta tarde. Si necesitas algo antes, dímelo por mensaje y lo revisamos."

Esta frase da información real, establece un canal de comunicación directo — fuera del escenario público — y cierra el episodio sin dejar espacio para una escalada.

El efecto del protocolo completo no es "ganar" la interacción. Es no perderla. Es salir del intercambio sin haber aceptado una culpa que no era tuya, sin haber escalado el conflicto, y sin haberte disuelto.

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VI. Lo que Margarita le ayudó a ver a Elena

Elena llegó al consultorio de Margarita convencida de que el problema era su sensibilidad. "Pensaba que era yo la que estaba interpretando mal las cosas. Que si fuera más segura no me afectaría tanto."

Lo primero que Margarita hizo fue desmontar esa premisa. No porque Elena no tuviera áreas de trabajo — las tenía — sino porque partir de "soy demasiado sensible" como diagnóstico del problema garantizaba que Elena siguiera adaptándose a un entorno hostil en lugar de responder a él.

"Hay una diferencia importante", explica Margarita, "entre sensibilidad como vulnerabilidad y sensibilidad como información. Que algo te afecte no significa que estés fallando — puede significar que tu sistema está detectando correctamente que algo no está bien."

El trabajo terapéutico con Elena tuvo tres ejes. Primero, validar la percepción: nombrar lo que ocurría con precisión, sin magnificarlo y sin minimizarlo. Segundo, separar la interpretación del hecho: qué ocurrió exactamente versus qué historia Elena construía alrededor de eso. Tercero, desarrollar respuestas concretas — como el protocolo de tres pasos — para salir de la reactividad y entrar en la agencia.

A lo largo de cuatro meses, Elena practicó esas respuestas. Primero en sesión, con Margarita haciendo el rol de la compañera. Después en situaciones de bajo riesgo en el trabajo. Después en las situaciones que antes la paralizaban.

No todas las interacciones salieron bien. Hubo días en que volvía al consultorio habiendo respondido desde la defensiva, o habiendo guardado silencio cuando hubiera querido hablar. Margarita trabajaba esos momentos no como fracasos sino como datos: ¿qué ocurrió antes de que la respuesta se activara? ¿Qué estaba pensando Elena en ese momento? ¿Qué hubiera necesitado para responder diferente?

La asertividad no se aprende de una vez. Se practica en condiciones reales, se analiza cuando no funciona, y se ajusta. No es un rasgo que se tiene o no se tiene — es una habilidad que se construye.
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VII. Cómo está Elena hoy

Elena sigue en el mismo trabajo. Esa fue una decisión que tomó con Margarita: no huir de un entorno difícil antes de haber desarrollado las herramientas para manejarlo, porque el patrón de huida suele repetirse en el siguiente entorno.

La dinámica con sus compañeras no desapareció del todo. Hay personas cuyo patrón de comportamiento no cambia porque alguien aprende a responder mejor. Pero cambió algo más importante: el impacto que ese comportamiento tiene en Elena.

Cuando ahora alguien le hace una pregunta formulada como acusación, Elena no entra en el bucle de interpretación. Reconoce el patrón, aplica la estructura, y sigue adelante. El episodio no ocupa el resto de su día. No lo ensaya mentalmente en el camino a casa. No se prepara para reuniones como si fueran exámenes.

"Sigo notando las cosas", dice Elena. "Pero ya no me quedan pegadas. Hay una diferencia entre ver algo y que te defina."

Eso — la diferencia entre percibir y ser definido por lo que percibes — es exactamente lo que el proceso terapéutico buscaba. Y es, en términos prácticos, lo más parecido a la libertad que Elena había sentido en mucho tiempo en ese trabajo.

Estamos aquí.

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Marco clínico: Incivilidad laboral y comunicación pasivo-agresiva en entornos de trabajo

La workplace incivility — incivilidad laboral — se define como comportamiento de baja intensidad con intención ambigua de dañar, que viola las normas de respeto mutuo en el lugar de trabajo (Andersson y Pearson, 1999). A diferencia del acoso laboral explícito (bullying), la incivilidad opera en la zona gris de la interpretación: cada acto aislado es negable, pero el patrón sostenido tiene impacto clínico documentado. Cortina et al. (2001) en un estudio con 1.167 trabajadoras de la judicatura estadounidense encontraron que el 71% había experimentado incivilidad laboral en el año previo, con correlaciones significativas con burnout, insatisfacción laboral e intención de abandono. El mecanismo de daño central es la ambigüedad: la incertidumbre sobre si la agresión fue intencional mantiene activado el sistema de vigilancia de forma crónica, generando mayor carga cognitiva que una agresión explícita equivalente (Porath y Pearson, 2013).

Evaluación sugerida

Instrumentos recomendados:

  • WIS (Workplace Incivility Scale, Cortina et al., 2001): 7 ítems que evalúan experiencias de incivilidad laboral en el último año. Instrumento de referencia en la investigación sobre el tema. Útil como validación psicoeducativa para la persona atendida: ver sus experiencias reflejadas en un instrumento científico reduce la tendencia a minimizar o a atribuirse el problema.
  • MBI-GS (Maslach Burnout Inventory — General Survey, Schaufeli et al., 1996): Evalúa agotamiento emocional, cinismo y eficacia profesional. La exposición sostenida a incivilidad laboral es uno de los predictores más robustos de burnout. Punto de corte clínico: agotamiento emocional ≥ 3.20.
  • RSES (Rosenberg Self-Esteem Scale, 1965): La incivilidad laboral sostenida erosiona la autoestima profesional de forma específica. Evaluar al inicio y al final del proceso para medir cambio. Puntuación ≤ 25 indica autoestima baja.
  • PHQ-9 y GAD-7: Comorbilidad depresiva y ansiosa frecuente en exposición crónica a entornos laborales hostiles. El GAD-7 es especialmente relevante dado el mecanismo de hipervigilancia característico de este perfil.

Intervenciones con evidencia

  • Entrenamiento en asertividad (Alberti y Emmons, 1970; revisado por Rakos, 1991): Protocolo conductual con evidencia consolidada para el desarrollo de respuestas asertivas en contextos interpersonales difíciles. Incluye modelado, ensayo conductual, retroalimentación y generalización. La especificidad del contexto laboral requiere adaptación de los escenarios de práctica — el ensayo con situaciones reales del entorno de la persona es más eficaz que escenarios genéricos.
  • TCC para pensamientos automáticos negativos vinculados al entorno laboral: Reestructuración de atribuciones globales ("soy demasiado sensible", "algo hago mal para que me traten así") hacia lecturas contextuales del comportamiento ajeno. Evidencia nivel A para ansiedad social y conflicto interpersonal.
  • Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) aplicada al contexto laboral: Útil para defusión de pensamientos ruminativos post-episodio y para clarificación de valores profesionales que orienten decisiones sobre permanencia o abandono del puesto. La investigación de Flaxman y Bond (2010) mostró reducciones significativas de distrés psicológico en trabajadores con ACT aplicada al entorno laboral.
  • Intervención de regulación emocional basada en DBT (Linehan, 1993): Específicamente las habilidades de efectividad interpersonal del módulo DEAR MAN (Describe, Express, Assert, Reinforce, Mindful, Appear confident, Negotiate) son directamente aplicables al desarrollo de respuestas asertivas en contextos de agresión indirecta.

Referencias científicas citadas en el artículo

  • Andersson, L. M., y Pearson, C. M. (1999). Tit for tat? The spiraling effect of incivility in the workplace. Academy of Management Review, 24(3), 452-471.
  • Cortina, L. M., Magley, V. J., Williams, J. H., y Langhout, R. D. (2001). Incivility in the workplace: Incidence and impact. Journal of Occupational Health Psychology, 6(1), 64-80.
  • Porath, C. L., y Pearson, C. M. (2013). The price of incivility. Harvard Business Review, 91(1-2), 114-121.
  • Alberti, R. E., y Emmons, M. L. (1970). Your perfect right: A guide to assertive behavior. Impact Publishers.

Nota de derivación

Derivar a psiquiatría cuando se presente alguno de los siguientes criterios: (1) burnout severo con agotamiento emocional MBI-GS ≥ 4.0 acompañado de síntomas depresivos moderados-graves (PHQ-9 ≥ 15) que no responden a intervención psicológica en 6-8 semanas; (2) sintomatología ansiosa que haya generalizado más allá del entorno laboral — crisis de angustia en contextos no laborales, agorafobia incipiente, evitación social extendida; (3) ideación de daño propio vinculada a sentimientos de inutilidad profesional — infrecuente pero presente en casos con historial depresivo previo y exposición laboral prolongada. Considerar también la derivación a orientación legal-laboral cuando el patrón documentado cumpla criterios de acoso laboral según la NOM-035-STPS-2018 (Factores de riesgo psicosocial en el trabajo), que obliga a los empleadores mexicanos a identificar y prevenir este tipo de conductas.

⚠️ Alerta importante sobre salud mental

Este artículo tiene fines informativos. No sustituye la atención profesional.

Siempre acude con un profesional de salud mental.

Tanatología Pachuca

Psicólogos especializados en duelo y Tanatología. Pachuca, Hidalgo.

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