Su nieta cumplía ocho años y la fiesta iba a ser por videollamada porque la familia vivía en otro país. Todos los demás ya estaban conectados cuando él seguía viendo la pantalla del teléfono sin encontrar el botón verde. Llamó a su hija por la línea de siempre, apenado, y ella —con cariño, sin burla, pero con la prisa de quien también está organizando una fiesta— le explicó rápido, colgó, y él siguió sin encontrar el botón. Para cuando entró a la llamada, ya estaban cantando "las mañanitas". Nadie lo hizo sentir mal a propósito. Y aun así, esa noche pensó, por primera vez con esas palabras exactas: "me estoy quedando afuera de mi propia familia". Este artículo es para quienes sienten que el mundo cambió de idioma sin avisarles, y para quienes acompañan a un padre, madre o abuelo que vive esa sensación.
🔒 Caso anonimizado
Nota sobre el caso: Efraín es un caso clínico ilustrativo basado en un patrón frecuente en consulta con adultos mayores y sus familias. Nombre y detalles biográficos han sido modificados. La estructura de la intervención sí corresponde a procesos terapéuticos reales realizados en Tanatología Pachuca.
La historia de Efraín
Efraín tenía setenta y un años, jubilado, viudo desde hacía tres. Toda su vida adulta había sido una persona capaz y autosuficiente —administró un negocio propio durante treinta años. Cuando llegó a consulta, el motivo declarado fue "me siento inútil". El motivo real, que fuimos desenredando juntos, era más específico y más doloroso: Efraín sentía que el mundo de su familia —fotos compartidas, videollamadas, el grupo de WhatsApp donde se organizaba todo— ocurría en un idioma que él no hablaba, y que pedir ayuda una y otra vez lo hacía sentir, en sus propias palabras, "como un niño que hay que estar cuidando".
Efraín había dejado de pedir ayuda casi por completo. Prefería no participar en la videollamada de cumpleaños que arriesgarse, otra vez, a sentirse torpe frente a toda la familia. Ese patrón —evitar por vergüenza, en vez de pedir ayuda— fue el punto central del trabajo terapéutico.
Qué es el analfabetismo tecnológico — y lo que la evidencia dice que NO es
Marc Prensky, quien acuñó el término "nativos digitales" en 2001, describió también su contraparte: los "inmigrantes digitales", quienes aprendieron la tecnología ya de adultos y conservan un "acento" perceptible en su forma de usarla. Lo que popularmente se llama "analfabetismo tecnológico" —sentirse incapaz frente a dispositivos y aplicaciones que gran parte del mundo social ya da por sentadas— es, en el caso de muchos adultos mayores, una versión más marcada de ese mismo fenómeno.
Es importante ser precisos aquí, porque el estereotipo popular simplifica algo más matizado. La investigadora Sara J. Czaja y su equipo, en el estudio fundacional del centro CREATE (Czaja, Charness, Fisk, Hertzog, Nair, Rogers & Sharit, 2006, "Factors Predicting the Use of Technology: Findings From the Center for Research and Education on Aging and Technology Enhancement", Psychology and Aging, 21(2), 333-352, con 1,204 participantes de 18 a 91 años), identificaron qué predice realmente el uso de tecnología: la edad, la educación, la inteligencia fluida y cristalizada, la confianza en las propias habilidades con la computadora (autoeficacia) y el nivel de ansiedad frente a la computadora. La ansiedad tecnológica es real y sí influye —el estudio no la descarta—, pero es, precisamente por eso, algo trabajable: responde a la experiencia práctica, al acompañamiento paciente y a la confianza que se construye con el tiempo, no un rasgo fijo de "terquedad" o cerrazón.
El enfoque tanatológico: los duelos silenciosos de quien siente que el mundo lo dejó atrás
Con Efraín identificamos varios duelos que nunca había nombrado como tales, y que son extremadamente comunes en adultos mayores frente a la brecha digital:
Efraín había sido, toda su vida, quien resolvía cosas por sí mismo. Depender de otros para algo tan cotidiano como una videollamada tocaba una fibra mucho más profunda que la tecnología misma: su identidad de persona capaz.
Buena parte de la vida de sus nietos ocurre en plataformas y dinámicas que Efraín no conoce. Nombrar esa distancia generacional como una pérdida real —sin que fuera culpa de nadie— fue parte del proceso.
Efraín describía, con una imagen que se quedó en el proceso terapéutico, que sentía "el mundo como un tren que ya venía en marcha y que a cada rato cambia de vía justo cuando por fin le agarraba el paso". Nombrar esa sensación como un duelo legítimo —y no como una debilidad personal— fue liberador.
Cómo trabajamos el analfabetismo tecnológico y su impacto emocional
Primero, separar la dificultad técnica de la narrativa de inutilidad. Gran parte del sufrimiento de Efraín no venía de no saber usar una aplicación —venía de la historia que se contaba a sí mismo sobre lo que esa dificultad significaba sobre su valor como persona.
Segundo, trabajar la vergüenza de pedir ayuda. Con frecuencia, adultos mayores dejan de pedir ayuda tecnológica no porque no la necesiten, sino porque cada solicitud reactiva el duelo de la autonomía perdida. Practicar formas concretas de pedir ayuda sin que eso se sintiera como una derrota fue un trabajo central.
Tercero, cuando es posible, coordinar con la familia —no para que "le enseñen" de forma apresurada e impaciente, sino para construir espacios de aprendizaje sin prisa, con paciencia genuina, reconociendo que aprender algo nuevo a los setenta no es lo mismo que aprenderlo a los quince, y no tiene por qué serlo.
El desenlace de Efraín
Ocho meses después, Efraín no se había vuelto un experto en tecnología —ese nunca fue el objetivo. Lo que cambió fue su relación con no saber: aprendió a pedir ayuda sin que eso le costara la misma cuota de vergüenza, su hija le dedicó, con más paciencia, una hora fija cada semana para practicar juntos, y —esto lo dijo él mismo en la última sesión— "ya no me siento el que se quedó afuera. A veces todavía se me complica el celular, pero ya no siento que eso dice algo malo de mí".
Preguntas frecuentes
¿Es cierto que los adultos mayores no quieren aprender tecnología?
La evidencia no apunta a "no querer" sino a una combinación de factores concretos. La investigación de Czaja et al. (2006) identifica la edad, la educación, las habilidades cognitivas, la confianza en las propias capacidades y la ansiedad frente a la computadora como predictores reales del uso de tecnología. La ansiedad tecnológica existe y es real —no es un mito— pero es distinta de "no querer": responde bien a la práctica guiada y a la paciencia, no requiere fuerza de voluntad que falte.
¿Cómo puedo ayudar a mi padre/madre/abuelo sin hacerlo sentir mal?
Dedica tiempo sin prisa, evita corregir con impaciencia, y deja que practique varias veces aunque tome más tiempo del que te gustaría. La forma en que se enseña importa tanto como el contenido — la impaciencia refuerza la vergüenza más que la dificultad técnica misma.
¿La brecha digital en adultos mayores está mejorando en México?
Sí. Según el INEGI (ENDUTIH 2024), el uso de internet entre personas de 65 años o más ha crecido de forma sostenida, alcanzando 42.1% en 2024 — aunque la brecha frente al resto de la población sigue siendo considerable y requiere atención activa, no solo esperar que se cierre sola.
Mi familiar evita pedir ayuda con la tecnología. ¿Por qué pasa esto?
Es un patrón muy común: pedir ayuda repetidamente puede reactivar un duelo más profundo sobre la autonomía perdida. No es terquedad — es una forma de protegerse de sentir, una vez más, que ya no puede resolver las cosas solo/a.
¿Vale la pena buscar terapia solo por esto, si no parece "tan grave"?
Si el sentimiento de exclusión o inutilidad está afectando el ánimo, la autoestima, o la relación con la familia, sí vale la pena. No es necesario que el malestar alcance un nivel extremo para merecer acompañamiento profesional.
Si sientes que el mundo digital te dejó atrás, dos cosas que pedirte
Primero: no saber usar algo nuevo no dice nada sobre tu valor ni tu capacidad — dice que el mundo cambió de herramientas más rápido de lo que cualquier generación anterior tuvo que enfrentar. Segundo: pedir ayuda no es un signo de debilidad ni de pérdida de autonomía — es, con frecuencia, la forma más directa de seguir participando en la vida de las personas que te importan.
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Este artículo forma parte de una serie sobre tecnología y salud emocional.
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- Prensky, M. (2001). Digital Natives, Digital Immigrants, Part 1. On the Horizon, 9(5), 1-6.
- Czaja, S. J., Charness, N., Fisk, A. D., Hertzog, C., Nair, S. N., Rogers, W. A. & Sharit, J. (2006). Factors Predicting the Use of Technology: Findings From the Center for Research and Education on Aging and Technology Enhancement (CREATE). Psychology and Aging, 21(2), 333-352.
- INEGI (2024). Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2024.
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