Llevaba nueve países en dos años. La foto que subió esa semana —amanecer sobre un acantilado, café en la mano— tenía más de dos mil "me gusta". Nadie le preguntó, y él tampoco lo dijo, que llevaba tres días sin hablar con nadie en persona más allá de "gracias" al pagar. Que su departamento de ese mes no tenía ni una sola cosa que fuera realmente suya. Que extrañaba, con una intensidad que lo sorprendía, algo tan simple como que alguien supiera qué día era su cumpleaños sin que se lo recordara el calendario del teléfono. Este artículo es para quienes viven —o han vivido— la libertad del trabajo remoto y el mundo como oficina, y sienten, debajo del filtro bonito, algo que no logran nombrar del todo.
🔒 Caso anonimizado
Nota sobre el caso: Diego es un caso clínico ilustrativo basado en un patrón frecuente en consulta con personas que trabajan de forma remota y móvil. Nombre y detalles biográficos han sido modificados. La estructura de la intervención sí corresponde a procesos terapéuticos reales realizados en Tanatología Pachuca (vía consulta en línea).
La historia de Diego
Diego tenía veintinueve años, era diseñador freelance, y llevaba dos años viviendo el sueño que muchas personas de su generación persiguen activamente: trabajar desde donde quisiera, sin oficina, sin horario fijo, cambiando de país cada pocas semanas o meses. Los primeros seis meses fueron, según sus propias palabras, "los mejores de mi vida". Con el tiempo, algo empezó a sentirse hueco. Las relaciones que hacía en cada lugar —genuinas, cálidas incluso— tenían fecha de caducidad conocida desde el primer día. Las videollamadas con su familia en México se volvieron más cortas, no porque quisiera menos, sino porque cada vez tenía menos que contar que se sintiera real y no solo "contenido para la llamada".
Cuando llegó a consulta —en línea, coordinando el horario entre husos horarios— el motivo declarado fue "no sé si esto es lo que quiero seguir haciendo, pero tampoco sé qué más quiero". El motivo real, que exploramos juntos, era una soledad sostenida que Diego había estado compensando con movimiento constante: cada vez que la soledad se hacía sentir, cambiaba de ciudad, y la novedad la disimulaba unas semanas más.
Qué es el nomadismo digital — y su costo psicológico documentado
El término "nómada digital" lo acuñaron Tsugio Makimoto y David Manners en su libro de 1997, Digital Nomad, donde describieron un estilo de vida liberado de las restricciones de geografía y distancia gracias a la tecnología móvil e internet de alta velocidad — una predicción notablemente adelantada a su tiempo, casi treinta años antes de que el trabajo remoto se volviera masivo.
Lo que Makimoto y Manners no podían anticipar del todo eran los costos psicológicos específicos de ese estilo de vida. Un estudio reciente de Cristina Miguel, Christoph Lutz, Rodrigo Perez-Vega y Filip Majetić (2025, Media, Culture & Society, 47(3), 546-566), basado en treinta entrevistas a profundidad con nómadas digitales, conceptualiza el nomadismo digital como un continuo que puede, pero no tiene que, derivar en soledad. Los autores identifican que la dificultad para permanecer en un lugar el tiempo suficiente para construir una red de apoyo real —no solo contactos temporales— es uno de los factores centrales que predicen mayor soledad en este estilo de vida.
El enfoque tanatológico: la pérdida ambigua del que no tiene un solo lugar
El concepto de pérdida ambigua, desarrollado por la investigadora Pauline Boss, describe pérdidas que no tienen el reconocimiento social ni el ritual de cierre de una pérdida convencional —situaciones donde algo se pierde, o nunca termina de consolidarse, sin que exista un evento claro que lo marque. Aunque Boss lo desarrolló originalmente para ausencias familiares no resueltas, el marco encaja de forma notable con la experiencia de muchos nómadas digitales:
Diego no tenía un lugar del que pudiera decir "aquí es donde vivo" en el sentido profundo del término. Esa ausencia de arraigo, sin ser una pérdida convencional (no perdió una casa, nunca tuvo una fija), generaba un duelo real que rara vez se nombra como tal.
Cada vínculo que Diego construía tenía, desde el primer día, una fecha de caducidad conocida. Duelar esa limitación —sin dejar de disfrutar los vínculos mientras duraban— fue parte central del trabajo terapéutico.
Buena parte de la identidad de Diego en redes sociales estaba construida sobre la narrativa de libertad y aventura del nomadismo digital. Reconocer que esa narrativa no incluía la soledad real que sentía fue un paso incómodo pero necesario.
Cómo trabajamos con quienes viven un estilo de vida móvil
Primero, nombrar la soledad sin patologizar la elección de vida. El objetivo no fue convencer a Diego de dejar de viajar —fue ayudarlo a entender qué necesitaba realmente y que el movimiento constante no era, por sí mismo, la solución a lo que sentía.
Segundo, construir anclas relacionales sostenibles a distancia: horarios fijos de contacto con familia y amistades de siempre (no solo cuando "hay tiempo"), y trabajar activamente la culpa que Diego sentía por no mantener el contacto con la misma frecuencia que antes.
Tercero, cuando fue el caso, experimentar con permanencias más largas en un mismo lugar —el estudio de Miguel et al. sugiere que el tiempo de estancia predice la capacidad de construir comunidad real, no solo contactos temporales. Diego decidió, como experimento, quedarse seis meses en un mismo lugar en vez de rotar cada tres o cuatro semanas.
El desenlace de Diego
Un año después, Diego seguía siendo nómada digital —no dejó ese estilo de vida, que era una de sus preguntas iniciales. Lo que cambió fue el ritmo: adoptó estancias de al menos tres meses por lugar, construyó una rutina semanal fija de llamada con su familia, y desarrolló dos amistades que, aunque a distancia, se sostienen desde hace más de un año. En su última sesión dijo: "sigo sin tener una sola casa. Pero ya no me siento sin ningún lugar. Aprendí que el arraigo también puede ser con personas, no solo con un domicilio".
Preguntas frecuentes
¿El nomadismo digital siempre causa soledad?
No. La investigación de Miguel et al. (2025) describe el nomadismo digital como un continuo — puede derivar en soledad, pero no es un resultado inevitable. Depende de factores como el tiempo de permanencia en cada lugar y las habilidades para construir comunidad rápido.
¿Cómo distingo soledad pasajera de algo que necesita atención profesional?
Si la soledad es ocasional y mejora al reconectar con personas cercanas, es parte normal de un estilo de vida móvil. Si es sostenida, se acompaña de tristeza persistente, o empieza a afectar tu funcionamiento diario o tu relación con el trabajo, vale la pena una valoración profesional.
¿La terapia en línea funciona para alguien que cambia de país constantemente?
Sí — es, de hecho, una de las pocas formas de acompañamiento terapéutico compatibles con un estilo de vida móvil. En Tanatología Pachuca ofrecemos consulta en línea precisamente para personas en esta situación.
¿Debería dejar el nomadismo digital si me siento solo/a?
No necesariamente. El trabajo terapéutico, como en el caso de Diego, suele enfocarse en ajustar el ritmo y las estrategias relacionales dentro del estilo de vida elegido, no en abandonarlo — salvo que la propia persona, tras el proceso, decida que ya no es lo que quiere.
¿Las redes sociales ayudan o empeoran la soledad de los nómadas digitales?
Ambas cosas, según la evidencia: el estudio de Miguel et al. (2025) muestra que ayudan a mantener vínculos con familia y amigos a distancia, mientras que una investigación relacionada de las mismas autoras (HICSS, 2023) documenta que el uso intensivo también puede generar FOMO. La clave está en el tipo de uso, no en evitarlas por completo.
Si vives un estilo de vida móvil, dos cosas que pedirte
Primero: si sientes soledad debajo de la libertad, no es una contradicción ni un fracaso personal — es una respuesta humana comprensible a un estilo de vida que, aunque tiene beneficios reales, también tiene costos relacionales documentados. Segundo: el arraigo no depende solo de tener una dirección fija — se puede construir con rituales de contacto sostenidos y con permanencias más largas cuando sea posible.
Si te interesa profundizar en soledad emocional en otros contextos, puedes leer también nuestro artículo sobre soledad emocional, o agenda una cita en línea si necesitas acompañamiento compatible con tu estilo de vida móvil.
Este artículo forma parte de una serie sobre tecnología y salud emocional.
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- Makimoto, T. & Manners, D. (1997). Digital Nomad. Wiley.
- Miguel, C., Lutz, C., Perez-Vega, R. & Majetić, F. (2025). "Alone on the road": Loneliness among digital nomads and the use of social media to foster personal relationships. Media, Culture & Society, 47(3), 546-566.
- Miguel, C., Lutz, C., Majetić, F., Perez-Vega, R. & Sanchez-Razo, M. (2023). It's not All Shiny and Glamorous: Loneliness and Fear of Missing Out among Digital Nomads. Hawaii International Conference on System Sciences (HICSS-56).
- Pauline Boss — concepto de pérdida ambigua.
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