Duelo 📖 9 min de lectura

Perder contacto con un familiar migrante: duelo ambiguo

Cuando un familiar migró y se perdió el contacto, sin saber si está bien: qué es la pérdida ambigua que describe Pauline Boss y cómo se acompaña a las familias que viven esta incertidumbre

Herlinda revisa su teléfono antes de dormir, en la mañana al despertar, y varias veces en medio de cada día, desde hace ocho meses. Su hijo Jonás se fue a buscar trabajo al norte, cruzó, y las primeras semanas llamaba cada domingo. Después las llamadas se espaciaron. Luego llegó un mensaje de texto corto, casi sin detalles. Y después, nada. No hay una fecha de muerte que llorar, ni un cuerpo que enterrar, ni siquiera la certeza de que haya algo que llorar. Solo hay un silencio que no se sabe cómo nombrar.

Caso clínico ilustrativo, basado en un patrón frecuente en consulta

Nota metodológica: el caso que sigue es sintético. No corresponde a ningún expediente real; el nombre, la edad y los detalles biográficos fueron construidos para representar un patrón que se repite en consulta con familias que pierden contacto con un ser querido que migró.

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La historia de Herlinda

Herlinda tiene 58 años y vive en Pachuca con su esposo y su hija menor. Jonás, su hijo de 26 años, se fue hace un año y medio, después de que el trabajo en la ciudad dejó de alcanzar para las necesidades de su propia familia joven. Cruzó por el desierto con un grupo, y durante las primeras semanas la comunicación fue constante, aunque breve. Después empezó a espaciarse. El último mensaje que Herlinda recibió, hace ocho meses, decía solo "voy bien, no se preocupen". Desde entonces, nada: ni él, ni nadie que sepa de él.

Llegó a terapia porque no podía dormir, porque discutía con su esposo por cosas pequeñas que en realidad no eran el problema, y porque una parte de ella sentía que "hacer su vida normal" mientras no sabía qué había pasado con Jonás era una especie de traición. El motivo declarado fue "ya no puedo dormir". El motivo real era más difícil de nombrar: no sabía si debía seguir esperando, o si debía empezar a despedirse de alguien de quien no tenía ninguna certeza de que hubiera muerto.

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El cuadro clínico: la pérdida ambigua

Lo que vive Herlinda tiene nombre clínico desde 1999, cuando la investigadora Pauline Boss publicó su libro Ambiguous Loss: Learning to Live with Unresolved Grief (Pérdida Ambigua: Aprender a Vivir con un Duelo sin Resolución), en la editorial de la Universidad de Harvard. Boss describió un tipo de pérdida distinto a los demás: cuando alguien está físicamente ausente, pero psicológicamente sigue presente, porque no hay certeza de su destino. No es lo mismo que un duelo por muerte confirmada, y tampoco es "no tener de qué preocuparse". Es una tercera categoría, con su propia lógica y su propio sufrimiento.

Por qué este duelo es particularmente difícil:

  • No hay ritual posible. Sin un cuerpo, sin una noticia oficial, la familia no tiene un funeral, ni una fecha, ni un lugar donde poner una lápida. Los rituales que normalmente ayudan a procesar una pérdida simplemente no existen aquí.
  • La familia queda dividida entre la esperanza y el permiso de llorar. Permitirse el duelo puede sentirse como "darlo por muerto"; no permitírselo puede significar cargar con un dolor que nunca se procesa.
  • El entorno social no siempre reconoce esta pérdida como una pérdida real, precisamente porque no hay confirmación. Esa falta de reconocimiento externo hace el proceso todavía más solitario.
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Lo que dice la evidencia sobre familias mexicanas y migración

Un estudio de Crocker, Reineke y Ramos Tovar, publicado en 2021 en la revista Medical Anthropology, documentó las experiencias de familiares en Arizona y Sonora de personas migrantes desaparecidas durante el cruce. Encontraron una secuencia reconocible: primero la preocupación por el cruce en sí, después la noticia de la desaparición, luego un periodo de búsqueda activa, y finalmente el sostenimiento de la incertidumbre a largo plazo. Documentaron también consecuencias físicas reales: dolores de cabeza recurrentes, insomnio, ansiedad, depresión y el desarrollo o empeoramiento de enfermedades crónicas en quienes se quedan esperando noticias.

Otro estudio, de Solheim, Zaid y Ballard, publicado en 2016 en la revista Family Process, encontró un patrón similar incluso en casos sin desaparición confirmada: familias mexicanas separadas por la migración laboral, donde el contacto se vuelve limitado o irregular, describen seguir sosteniendo el papel psicológico de la persona ausente en la dinámica familiar, aunque su presencia física ya no esté. En palabras simples: la familia sigue "contando" con esa persona en las decisiones, en los planes, en el lugar que ocupaba en la mesa, incluso cuando la comunicación real se ha vuelto escasa o nula.

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El enfoque tanatológico de TP: los duelos silenciosos de quienes se quedan

El duelo migratorio previo. La partida misma, antes de cualquier pérdida de contacto, ya fue una pérdida real que rara vez se nombra como tal.
El duelo sin rito posible. Sin cuerpo ni confirmación, no existe el marco ceremonial que normalmente ayuda a procesar una pérdida.
El duelo por vivir entre dos verdades a la vez. Sostener esperanza y dolor al mismo tiempo, sin que una invalide a la otra, es agotador y poco comprendido desde afuera.
El duelo del resto de la familia. Los hermanos, la pareja o los hijos de quien se fue también cargan su propia versión de esta incertidumbre, muchas veces en silencio, para no sumarle peso a quien ya está más visiblemente afectado.
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Cómo trabajamos un caso así en consulta

  1. Nombrar la ambigüedad como lo central, no como un obstáculo. El objetivo no es empujar a Herlinda hacia una conclusión (que Jonás está vivo o que está muerto) que ella no tiene forma de confirmar. Es ayudarla a sostener la incertidumbre sin que la paralice por completo.
  2. Trabajar el pensamiento "y" en vez del pensamiento "o". Boss propone que en la pérdida ambigua ayuda pensar "puedo tener esperanza de que esté bien, y también puedo llorar lo que ya perdí de nuestra relación diaria", en vez de forzar una sola de las dos posibilidades.
  3. Sostener la vida cotidiana sin que eso sea traición. Dormir, reír, seguir con el trabajo, no significa haber dejado de amar o de esperar a Jonás. Parte del trabajo fue permitirle a Herlinda esa distinción.
  4. Incluir al resto de la familia. El esposo y la hija de Herlinda también necesitaban espacio para su propia versión de esta pérdida, sin que todo el peso emocional recayera solo en ella.
  5. Conectar con redes de apoyo específicas. Cuando aplica, se orienta a las familias hacia colectivos de búsqueda de personas migrantes y canales oficiales de reporte, en paralelo al acompañamiento psicológico, sin que uno sustituya al otro.
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El desenlace de Herlinda

A los diez meses de trabajo, la situación de Jonás seguía sin resolverse. Ese es, honestamente, el desenlace más frecuente en casos como este, y sería deshonesto prometer otra cosa. Lo que sí cambió fue la forma en que Herlinda cargaba con la incertidumbre: volvió a dormir la mayoría de las noches, dejó de sentir que vivir su vida era una traición, y encontró, junto con su esposo, una forma de hablar de Jonás en presente y en pasado a la vez, sin que eso la partiera cada vez. En una de las últimas sesiones dijo: no sé si algún día voy a saber qué pasó. Lo que sí sé es que puedo seguir siendo su mamá, lo encuentre o no.

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Preguntas frecuentes

¿Es normal no saber si debo hacer duelo o seguir esperando?
Sí. Esa tensión es exactamente el núcleo de lo que la investigación llama pérdida ambigua, y no significa que algo ande mal contigo.

¿Seguir con mi vida normal significa que ya no me importa?
No. Sostener tu vida cotidiana no compite con la esperanza ni con el amor que sientes por la persona ausente.

¿Cuánto tiempo debo esperar antes de buscar ayuda psicológica?
No hay un plazo que cumplir. Si el insomnio, la ansiedad o los conflictos familiares ya están afectando tu vida diaria, vale la pena buscar acompañamiento ahora, sin esperar una resolución del caso.

¿Ir a terapia significa que debo "darlo por muerto"?
No. El acompañamiento no busca una conclusión sobre lo que pasó, sino ayudarte a sostener la incertidumbre sin que te paralice.

¿Qué puedo hacer además de la terapia?
Existen colectivos de búsqueda de personas migrantes y canales oficiales de reporte de desaparición que pueden acompañar el proceso de búsqueda en paralelo al trabajo emocional.

¿Esto aplica solo si hay sospecha de que algo grave pasó, o también si solo se perdió el contacto regular?
Aplica en ambos casos. La investigación muestra que incluso la pérdida de contacto regular, sin sospecha de un hecho grave, genera un patrón de pérdida ambigua real que merece atención.

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Si te reconoces en esta historia

Te pedimos dos cosas concretas. La primera: si perdiste contacto con un familiar que migró, no te exijas saber si "debes" hacer duelo o seguir esperando. Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo. La segunda: si tienes a alguien cercano viviendo esto, no le pidas que "ya lo supere" ni que "no pierda la fe". Ninguna de las dos frases ayuda cuando no hay certeza.

Puedes conocer más sobre el acompañamiento en duelo por pérdida de un ser querido, o hacer nuestro test de duelo para tener una primera orientación.

Si te reconoces en la historia de Herlinda, agenda una primera consulta por WhatsApp o desde nuestra página de reservar cita.

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⚠️ Alerta importante sobre salud mental

Este artículo tiene fines informativos. No sustituye la atención profesional.

Siempre acude con un profesional de salud mental.

Psic Margarita Godínez

Psicólogo(a) clínico(a) con cédula profesional activa · Equipo de Tanatología Pachuca, Pachuca, Hidalgo.
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